Cuando llegaron a preguntarnos a mí y a mi amigo guardamos silencio. La maestra y los niños asumieron que no sabíamos el nombre de la banda, cosa imposible después de que habían repetido tantas veces su nombre además de su consabida notoriedad. Esto generó indignación así que siguieron preguntando. Guardamos silencio, la banda no prestó mucha importancia en el asunto de que un par de niños desconocían su nombre pero para el resto del grupo escolar supuso una gran transgresión. Así que después de ello nos tomaron por rebeldes que no querían cooperar o por locos sin saber que fue lo primero.
Cuando desperté sentí un enorme alivio. Como si hubiera encontrado una receta que estaba ante mis ojos desde hace tiempo. El sueño presenta todas las claves de lectura de la teoría psicoanalítica lacaniana. El niño representa el yo (je) y los compañeros son su imaginario que le acompañan. La maestra es el otro que a través de su demanda pone a gozar a través del lenguaje. La banda Queen es la soberana, es el gran Otro y el tesoro de los significantes. Los vítores es el síntoma, es el goce mismo pues el síntoma es el lenguaje. Creemos que estamos obligados a gozar, por el otro, por la pulsión misma y por la sociedad pero resta un camino al que no prestamos atención porque tenemos frente a los ojos el velo de maya lingüístico que nos hace confundir lenguaje con realidad. Una distancia afectiva ante ese engaño es guardar silencio, pasar del goce y distanciarnos del lenguaje. Ante la escucha el síntoma se apalabra pero en el otro. Es el otro quien grita el nombre pero no nosotros pues nosotros ya lo hemos escuchado, lo conocemos así el otro no quiera no hace falta decirlo.
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