Monday, February 15, 2021

Una forma de entender la crisis de la filosofía contemporánea es como el paradójico resultado de que el pensamiento puede pensarse fuera del pensamiento. La filosofía aparentemente resuelta en el concepto hegeliano busca su fundamento fuera de sí: en el lenguaje o en la cultura, en lo que resulta precisamente externo. Es literalmente una filosofía fuera de la filosofía, un pensamiento alieanado. 

Convendría aquí volver a la doctrina de la esencia de Hegel pues es un momento análogo. La esencia constituye un segundo momento de comprensión de algo dado (en el caso de la lógica del primer momento: del ser). La esencia no es el ser y sin embargo explica precisamente lo que es. Sin embargo la esencia es un momento ajeno, exterior, constituye una negación del primero. Un ejemplo al paso para entender esto es la relación entre la definición y lo definido. La definición no es la cosa y sin embargo explica lo que precisamente es dicha cosa. Situados en este momento la definición desconoce a la cosa y se vuelve su realidad.

De forma análoga el lenguaje (filosofía analítica) y la cultura (filosofía continental) han venido a ocupar la realidad de la filosofía. El pensamiento que se reconocía como tal en el concepto ahora se desconoce dado que el concepto encuentra su vehículo en el lenguaje y su fundamento en la historia cultural. Por tanto la contemporaneidad considera que el pensamiento es ya sea lenguaje o cultura y lo conceptual queda así superado.

Dispuesto en estos términos podemos anticipar una salida hegeliana: hace falta el tercer momento conocido como la negación de la negación. Allí se reconoce que el segundo momento no se definitivo sino un momento intermedio. Se advierte que la esencia es provisional, una exterioridad que debe reunirse con la cosa (el ser) en algo que Hegel llamó el concepto. El concepto no es un nueva cosa, sino simplemente se comprende como la relación entre los dos momentos anteriores sin diluir la diferencia. Ni la esencia subsume al ser ni el ser a la esencia. Se trata de una tensión dialéctica que dispone los dos momentos anteriores en una relación. 

Efectivamente el pensamiento encuentra su vehículo en el lenguaje y su fundamento histórico en la cultura pero no es simplemente eso, sigue siendo pensamiento: sigue siendo concepto. No pierde consistencia por el hecho de que su fundamento le venga de fuera como la cosa sigue siendo cosa a pesar de que se le defina. 

Lograr aprehender la relación entre los dos primeros momentos da como resultado la cabalidad del tercero. Por tanto la dirección que apuntaría a una salida de la crisis de la filosofía contemporánea consistiría en apreciar que el lenguaje y la cultura no reducen en ellos mismos el concepto sino que, más bien, constituye uno de los dos extremos de la tensión dialéctica. El pensamiento no es mero concepto como pretendía la modernidad y Hegel, encuentra su fundamento en el lenguaje y la cultura como dice la filosofía contemporánea pero no es sólo eso. Si es comprendido como relación dialéctica, lenguaje y cultura son una explicación de lo conceptual pero no reducen lo conceptual. El pensamiento no se ve reducido a un análisis lingüístico (formal) ni a su historia cultural (material) sigue siendo un fenómeno autónomo. El explanandum no destruye lo explanans. Si bien el pensamiento encuentra su fundamentación, digamos estructural, en lo material y lo formal sigue siendo un fenómeno dado por sí mismo. 

Descartes no da cuenta que, efectivamente, el cogito precisa de lenguaje o cultura para ser cogito. Pero el cogito no es simplemente un fenómeno lingüístico ni tampoco un resultado cultural aunque efectivamente precisamos de lenguaje y una cierta cultura para que haya cogito en lo absoluto. Pero una vez que las condiciones lingüísticas e históricas están dadas puede haber un cogito que opera absolutamente bajo la autonomía del pensamiento.





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